Tiempos de esperanza

 

Estamos a menos de un mes de las elecciones que van a tomar el pulso del segundo tramo de la administración federal, pero también de los gobiernos estatales y municipales. En 15 estados hay mayor efervescencia porque se relevan poderes ejecutivos, donde Morena puede ganar la mitad de ellos. Hasta ahora, hay indicios sobre la retención de la cámara baja y de varios congresos estatales. Sin embargo, ¿sucederá así con las presidencias municipales?

En la lucha de dos proyectos diferentes, destaca el estado de Nuevo León, considerado bastión de los grupos económicos más poderosos. Ahora que el presidente denuncia la actitud tramposa del abanderado tricolor de entregar, a cambio del voto, una tarjeta con saldo de mil 500 pesos, lo que cae en flagrante delito electoral, los conservadores y sus aliados, tratan de jugar a las vencidas con él.

No han sido menores los esfuerzos de consejeros del INE por acotar las expresiones presidenciales, a fin de que no hable, opine, gima o bostece, como si callándolo pudieran impedir la avalancha que viene en contra del trío conservador.

El caso Adrián de la Garza nos trae a la mente el 2012, cuando Peña Nieto se hizo de la presidencia, entre otras, con tarjetas cargadas de “dinero sucio” proveniente de empresas extranjeras, como la brasileña Odebrecht que mediante sobornos -vía Emilio Lozoya- engordaba el cochinito tricolor.

Los excesivos gastos del peñismo, jamás sancionados por el INE de Lorenzo Córdova, permitió la prolongación de un modelo económico y social contrario a los intereses populares. Hoy, que se busca transformar a fondo el país, aparece la tentación de descarrilar algunas candidaturas, como si no existiera una fuerza social que impida cualquier deriva autoritaria.

Los casos Michoacán y Guerrero son emblemáticos, más el intento de repetir la receta en San Luis Potosí, en donde con el argumento de no entregar a tiempo el reporte de ingresos y egresos de precampaña, se han cepillado a los aspirantes guindas. Sin embargo, no podrán hacer mucho cuando la gente, de todos modos, se manifieste electoral y pacíficamente.

Con este antecedente, llama la atención el intento, esta semana, del órgano local electoral, o al menos de su presidente, de meter una zancadilla a uno de los más fuertes contendientes al gobierno de Oaxaca de Juárez, la joya más ansiada del clan mexiquense.

Con el argumento de que cuando inició campaña Martínez Neri – a las cero horas con un minuto del día cuatro - todavía el consejo del IEEPCO y sus instancias administrativas no aprobaban el registro de candidaturas a las concejalías, tarea que el Instituto debía tener resuelta horas antes, como era su responsabilidad, alguien pensó en meter en aprietos al candidato.

En respuesta, en la cámara de los diputados se prendieron las alertas. Rápido formularon un extrañamiento para dejar en claro que estarán muy atentos si se persiste en la idea de afectar desde dentro la imagen de imparcialidad y objetividad de un organismo que se demanda libre de partidarismos.

Actuar en contra de la equidad de la competencia, por parte de un árbitro que quisiera descalificar a un equipo antes de iniciar el partido, afectaría gravemente el proceso que ya está en marcha. Al menos que sea una estratagema barata para que dicha candidatura pierda tiempo en vericuetos legales.

La época de canallas debe quedar atrás, aunque aparezcan bajo el cielo de Oaxaca, remedos de Lorenzo Córdova y Ciro Murayama. Ya no estamos en aquellos años donde un solo partido se imponía, gracias a que también controlaba el órgano electoral. Parar a tiempo esta intentona es tarea de las y los demócratas para que no se vaya a cometer una infamia.

Hoy son tiempos de esperanza para mucha gente que acompaña, desde diversos espacios, la lucha permanente contra la corrupción, en un contexto de cambios y de libertades. Sigamos cuidando que se sigan expresando pacíficamente ciudadanos que en cada elección ven la oportunidad de hacer coincidir sus sueños individuales con logros colectivos, apostándole siempre a vivir en un mejor país.