La mirada de Lozoya

Ernesto Reyes


Qué estaría pensando, en el momento de su detención, afuera de su refugio en Málaga, el ex director de PEMEX, Emilio Lozoya Austin, como para que quienes lo observen, a raíz de la inmediata difusión en medios de esta imagen, se formen una idea, lejana en la distancia pero muy cerca en sus percepciones, de lo que representa que la justicia mexicana, auxiliada por la eficacia investigativa española, por fin lo haya localizado.

Orgulloso “cuadro”, de la nueva camada de priistas que según, Enrique Peña Nieto, se había preparado para renovar a la clase gobernante, Lozoya es la versión más acabada del político neoliberal, de segunda generación – su padre había sido en sexenios anteriores alto funcionario público- cuya derrotero era escalar cada vez más alto la cúpula del poder.

En la foto, donde aparece escoltado por agentes de la policía española, Lozoya se observa ya sin el arrojo con que se le veía en ruedas de prensa, hará ocho años, arregladas por sus abogados, para defenderse de acusaciones que comenzaban a tomar forma, primero en Brasil y luego en México, sobre este caso. Se le relacionaba con millonarios sobornos que pagaba por adelantado la empresa Odebrecht para asegurar contratos, cuando el PRI recuperara, como lo hizo en 2012, el gobierno federal. Lozoya, trabajando para Luis Videgaray – el alter ego de Peña Nieto- ya estaba en aquella época a cargo de las relaciones internacionales del equipo de campaña del que sería presidente de México.

La narrativa que revive ahora tras su detención, consigna que el detenido está inhabilitado para ocupar cargos públicos durante 10 años. Y que desde mayo pasado había huido de México, motivo por el cual se le buscaba para cumplir una orden de detención internacional, habida cuenta de que debe ser sometido a juicio en nuestro país por delitos de corrupción que ahora tienen mayor penalidad.

A Emilio Lozoya se le perseguía, luego que un juez, lo encontró responsable de fraude a gran escala y corrupción durante los años 2012 y 2013, por adjudicar contratos públicos a la citada empresa. El fraude por el que se le persigue y lo mantendrá 45 días en prisión, hasta que se cumplimente el proceso de extradición, según lo ha decidido un juez de la Audiencia Nacional, alcanzaría los 280 millones de dólares (257 millones de euros), mismos que pudieron haber sido utilizados no solo en la campaña política, sino para su propio beneficio y el de su familia.

No es gratuito que hubiera sido localizado al salir de un fraccionamiento de los más exclusivos de la Costa del Sol española, donde descansan despreocupadamente los millonarios y el jet set europeo. Su juzgador consideró que ha evidenciado su intención de “sustraerse a la acción de la justicia”, debido a que al momento de su captura portaba una licencia de conducir falsa.

Si no hay contratiempos, una vez que avance el juicio de extradición, Lozoya alcanzaría mínimo 15 de años de prisión, aunque a decir de autoridades se le puede juzgar por delitos como la venta amañada y ventajosa de una planta de nitrogenados en Coatzacoalcos, Veracruz, más la adquisición de una residencia con dinero ilícito -el “blanqueo”, en pocas palabras- en el centro del país.

Un negocio redondo que, suponían, no dejaría rastro. Sin embargo, investigaciones periodísticas pronto siguieron el hilo del dinero sucio, a partir de la detención de altos ejecutivos de Odebrecht que cayeron en manos de la justicia brasileña, quienes habrían de inculpar a Lozoya sin que en el gobierno pasado le llamara a cuentas. Es más, la PGR de entonces lo encubrió impunemente, hasta que con el nuevo régimen de López Obrador, se revivieron los expedientes.

Aunque en los tiempos de Felipe Calderón ya se verificaban encuentros entre ejecutivos de esta empresa con autoridades, la sospecha no se ha quitado del imaginario de la gente: los dineros que caían en manos de Lozoya, eran para el grupo que buscaba recuperar el poder para seguirse enriqueciendo.

La gente puede preguntarse ahora con suma razón: ¿Por qué no se llega a Peña, si éste era el jefe de la mafia y el principal beneficiario del dinero sucio? Simplemente, porque aunque tarda un poco, de lo que se trata es que se haga justicia, no que se consume una venganza, por muy justificados que sean las sospechas contra el jefe de esta generación de delincuentes, cuyos integrantes – Javier Duarte, Rosario Robles, etcétera- nunca pensaron que muy pronto serían medidos por la vara de la justicia. La mirada extraviada, sorprendida, de Lozoya, lo dice todo.

@ernestoreyes14

 

*Publicado en Noticias, "Voz e Imagen de Oaxaca"