Desafuero y ficción
COLUMNA

Desafuero y ficción

Escribe: Ernesto Reyes

 

Hace 16 años, un 7 de abril, la vida política de México se estremeció ante el discurso del entonces, Jefe de Gobierno de la ciudad de México, quien fue sometido a un infame juicio de procedencia en la Cámara de Diputados, mismo que terminó con el desafuero del político opositor más congruente que el país hubiera conocido hasta entonces.

El desafuero fue urdido por los mismos personajes que hoy machacan, en su calidad de opositores, que la presidencia de Andrés Manuel López Obrador ha dividido a los mexicanos porque, como es evidente, trabaja sin descanso por mejorar la existencia de millones de pobres. Atender a este grupo social y no seguir inflando las multimillonarias carteras de los ricos, no lo hará más popular entre los grupos privilegiados, pero le otorga gran legitimidad y respaldo que, en la actual coyuntura electoral, que más parece una consulta plebiscitaria, le favorece a él y a su movimiento.

En el video que el presidente revivió por estos días y que dedica a los jóvenes, para que conozcan esta experiencia, se observa cómo accede y sale del pleno legislativo, como si fuera el circo romano, donde los esclavos eran destrozados por las fieras, mientras encadenados se les humillaba cobardemente ante el regocijo del graderío.

Con Manlio Fabio Beltrones al lado y de frente a sus “jueces” de las bancadas azul y tricolor, que cometieron el oprobio, el hoy mandatario se defendió como un hombre que no tenía nada que ocultar ni de qué avergonzarse, porque como autoridad capitalina cometió la afrenta a la ley, consideraron los ministros de la Suprema Corte, de abrir un acceso para comunicar un hospital.

La felonía cometida por el priismo, que desde entonces ya caminaba de la mano con el panismo, durmiendo en camas separadas pero en la misma habitación, fue desmontada casi de inmediato, cuando los orquestadores en los poderes judicial, legislativo y ejecutivo y, por supuesto, con la anuencia del entonces presidente Fox, se percataron de la enorme fuerza que iba acumular Andrés Manuel y que lo convertiría en un candidato invencible, como se demostraría en el 2006, aunque finalmente le robaron la presidencia.

Durante aquellos días y, para luchar en contra del desafuero, se fueron organizando en el país grupos de ciudadanos y activistas de todas clases sociales que fueron la simiente del actual movimiento de regeneración nacional que hoy está en el poder: los llamados protagonistas del cambio verdadero. Haber pertenecido a quienes en varios espacios ciudadanos y políticos luchaban contra el desafuero y, atreverse a promover las visitas del entonces Jefe de Gobierno a Oaxaca, es un orgullo que compartimos los integrantes del grupo RECIO, algunos de los cuales ya no están físicamente con nosotros. A quienes no llegaron a ver esta etapa de grandes cambios con estabilidad y paz, aunque en un entorno difícil, les debemos un gran reconocimiento porque gestionaron, como millones más, mayores espacios de libertad y de democracia.

La famosa frase con la que AMLO rubricó su corta intervención en tribuna: “Todos ustedes me van a juzgar; pero no olviden, que a ustedes los va a juzgar la historia”, es toda una clase de dignidad y congruencia política, misma que se actualiza cuando vemos cómo la misma mafia del poder, a la que se suma el cadáver amarillo, van sumando sus miserias para tratar de derribar a aquél “peligro para México”, que tanto aborrecían, pero que hoy es un estadista reconocido nacional e internacionalmente.

Otra de las imágenes que se actualizaron esta semana, es aquella donde Carlos Loret de Mola participa de un montaje, espeluznante por lo perverso, para demostrar la supuesta eficacia del jefe policiaco, Genaro García Luna, en la falsa lucha en contra del secuestro. Lo deben conocer, igual, las nuevas generaciones de comunicadores, porque el periodista comparte la responsabilidad de la información transmitida y es, por tanto, responsable frente al gran público para no mentir, no engañar ni falsear la realidad. Su responsabilidad social implica que este actúe “en todas circunstancias de conformidad con su propia conciencia ética”, y esto a Lord Montajes y sus aplaudidores les tiene sin cuidado. Es un lamentable ejemplo del periodismo ficción y las noticias falsas para satisfacer oscuros intereses.

 

 

 

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