Con todo en contra, repatriados crean su propio sueño mexicano
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Con todo en contra, repatriados crean su propio sueño mexicano

 

Igual que cuando se fueron a Estados Unidos, los migrantes que regresan –voluntariamente o deportados- llegan a un país que apenas conocen a escribir una nueva historia, pero México se los hace más difícil.


Igual que cientos de niños latinoamericanos, Edwin emigró a Estados Unidos sin compañía. En 1997 sus padres se fueron a buscar un mejor futuro y lo dejaron al cuidado de su abuela. Un año después, él decidió alcanzarlos. “Pase lo que pase tú pégate al coyote, porque ese es el único que sabe cómo regresar a la carretera. Todos los demás se dispersan y te jodiste”, fue el consejo que recibió de su familia el pequeño de 13 años para atravesar la desértica y hostil frontera norte de México.


Originario de Ciudad de México, Edwin llegó hasta Atlanta, Estados Unidos, aprendió y venció. Trabajó en cocinas –preparación de alimentos y lavaplatos-, jardinería, construcción, producción de marcos de madera, de aires acondicionados, pintura y lavado de autos, y en una peluquería, donde aprendió el oficio que después se convertiría en su nuevo proyecto, de vuelta forzada a México. Tras 15 años de vivir en Estados Unidos, más de la mitad de su vida, fue deportado.


En una revisión vial de documentos, un agente descubrió que Edwin no era residente legal y lo detuvo. Peleó su caso en la Corte, pero esa determinación le valió dos años de prisión y al final fue deportado en 2013. Este antecedente le impide regresar a ese país, por lo que tuvo que asumir la idea de no volver a ver en mucho tiempo a sus padres –también indocumentados- y su hija, a quien no ve hace seis años. Obligado a cambiar de vida una vez más, Edwin decidió construir su propio “sueño mexicano”.


“Yo tengo herramientas para salir adelante, no soy bobo. Sí se puede, hasta mejor, porque si lo hice ilegalmente en un país que no era el mío, ¿no lo voy a hacer en un país que es mío, donde puedo entrar y salir cuando yo quiera? No porque me hayan regresado ya me dejé caer y, todo lo que hice ¿ya se quedó allá? No, es volver a escribir la historia, es un nuevo capítulo”, dice Edwin a Animal Político mientras atiende la peluquería en la que trabaja, pese a que es un día de asueto. En cuatro años pasó de ser empleado a socio y su objetivo es comprársela al dueño, que la ha mantenido por cuatro décadas.


La peluquería, ubicada en la colonia Tabacalera de la capital mexicana, forma parte de una incipiente comunidad de repatriados que, igual que cuando emigraron al norte, empiezan a labrar un nuevo camino pero en su país de origen, pese a que aquí encuentran incluso más dificultades para su desarrollo. En uno de los momentos más duros de la administración Trump -abiertamente antiinmigrante-, todos coinciden en una sentencia: si lo lograron en Estados Unidos lo lograrán aquí, pero México se los hace todo más difícil.


De indocumentados en EUA a indocumentados en México

Las multas de tránsito son la maldición de quienes residen sin papeles en Estados Unidos: las revisiones viales son el momento más frecuente en que su estatus migratorio es descubierto y son llevados a los centros de detención, donde tienen la opción de firmar voluntariamente su repatriación o pelear su caso para intentar quedarse -aunque si no son residentes legales, es prácticamente un caso perdido-. Sin embargo, antes de ser aprehendidos, los migrantes han tenido oportunidad de trabajar, estudiar y hasta crear sus propios negocios en ese país a diferencia del suyo, donde pareciera que el crecimiento es un privilegio.


“Estados Unidos es Estados Unidos porque te permite empezar un negocio de lo que sea. Yo empecé hasta una corporación, no le ponen a uno tantas trabas para hacer algo así, no hay burocracia. Aquí es horrible, lo ahorcan a uno para todo ese tipo de trámites”, lamenta Juan Guevara, repatriado el pasado 16 de marzo. “Yo me regresé en autobús y pasando la frontera parece que se detuvo el tiempo y me estaba esperando: la misma burocracia, la misma actitud de la gente, prepotencia”.


Días antes de que los estados de Texas y Arizona anunciaran el envío de cientos de tropas a su frontera con México para evitar el ingreso de la caravana migrante, Juan esperaba a otros connacionales deportados en la sala ‘N’ del aeropuerto capitalino para ofrecerles apoyo a través de la organización civil New Comienzos. Desde ahí contaba su historia: tiene 54 años, de los cuales pasó casi 30 en Estados Unidos, por lo cual no conoce prácticamente a nadie en México. No tiene ningún documento vigente pero sabiendo que lo primero que necesita es una identificación, intentó tramitar su credencial de elector sin éxito, pues el periodo para ello se cerró debido a la elección federal del próximo 1 de julio. Cuenta con la matrícula consular para identificarse, pero todos los trámites son un constante paseo entre una dependencia y otra, por lo que Juan considera que el principal obstáculo para los repatriados es la burocracia.


“Hay muchos limbos institucionales”, acusa Ximena Ortiz, de la organización civil Otros Dreams en Acción. “Su primer problema es no poder identificarse, sobre todo en época electoral. Los programas de vivienda y empleo están bien, pero la ayuda que necesitan es inmediata: en cuanto llegan a México necesitan dónde dormir y no hay albergues específicos para ellos”, advirtió la activista en el seminario ‘Migración de Retorno’ organizado por El Colegio de México (El Colmex). Ortiz contó a los expertos reunidos en ese foro que su organización ayuda a los repatriados desde que llegan al aeropuerto de la CDMX con orientación, un sitio donde quedarse e incluso les ‘prestan’ su domicilio para los trámites, pues constantemente les piden un comprobante y muchos ya no tienen familia aquí.


https://www.animalpolitico.com/2018/04/con-todo-en-contra-repatriados-crean-su-propio-sueno-mexicano/


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