Por un año sin violencia

Ernesto Reyes


¿Sería mucho pedir un gran deseo para el debutante año 2019? No sé ustedes, pero me pronunciaría, sin duda, por que los 360 días que nos quedan estén huérfanos de violencia, en todas sus manifestaciones.

Un sueño guajiro, dirán los escépticos; una posibilidad alcanzable, podríamos pensar quienes creemos en que bastaría el esfuerzo de autoridades, actores políticos y sociales, ciudadanos, a fin de hacer realidad dicho propósito. En el hogar, en el trabajo, en nuestras relaciones personales también debemos exorcizar todo tipo de violencia. Tendrán que empeñarse, sin embargo, enormes voluntades para alcanzar la paz, una tranquilidad llevadera y mejores reglas de convivencia social.

Ni bien se había asomado el año cuando en la Heroica Ciudad de Tlaxiaco mentes perversas, por no se sabe qué motivos, armaron a un sicario que dio muerte al recién ungido alcalde morenista, Alejandro Aparicio y al Síndico Procurador, Perfecto Hernández, causando heridas además a una regidora y a otra persona. El jueves tres, en San Pedro Tututepec, un fundador de Morena, Cutberto Corcayo, fue atacado de muerte también, con lo que suman cuatro personas ultimadas en apenas una semana si sumamos a la regidora María Asunción Torres, de la población de Mazatepec.

El atentado contra el edil mixteco nos debe llevar a reflexionar sobre la equivocada ruta que podríamos recorrer, en el futuro inmediato, si se sigue alentando desde todos los ámbitos la confrontación y el conflicto, pensando en que lo valedero es hacer triunfar, desde los más legítimos, hasta los más ocultos y oscuros intereses.

De continuar así, los deseos de año nuevo muy pronto se irán a la basura. Aquí un ejemplo de la lucha de egos que puede distanciar a la clase política local si no se aprende a prevenir y gestionar soluciones a los conflictos: la ausencia del mandatario estatal a la toma de protesta del nuevo edil capitalino, Oswaldo García Jarquín, contrario a lo que sucedió en los principales municipios donde enviados del poder ejecutivo atestiguaron la renovación de poderes.

¿El abucheo del 21 de diciembre que sufrió el gobernador del estado, durante la primer visita del presidente de México, es pretexto suficiente como para que se abstuviera de asistir al relevo edilicio? ¿O es que el mal comportamiento de la muchedumbre, aquella vez, exigía algún tipo de reparación para el personaje lastimado? ¿La misma “representación mental” de lo que podía suceder, aguijonó al ex munícipe José Antonio Hernández Fraguas como para no entregar personalmente la estafeta a su sucesor? Son preguntas que ellos tendrían que contestar, porque sería muy grave que la gente pensara que el talante republicano puede abandonarse ante la menor sospecha de que no será respetada la presencia o la investidura de un político en un acto público. La posterior visita de García Jarquín a Murat, llamándole “aliado para el desarrollo de nuestra capital”, es sin duda un buen principio de civilidad, pero la duda, de cualquier modo, quedó ahí.

El propio López Obrador, durante sus giras de trabajo, ha convocado a sus simpatizantes y a quienes no lo son, a comportarse civilizadamente, a no seguir ahondando en la división, a reconciliarse y mantenerse unidos porque, “ ya está bien de gritos y sombrerazos”. De ahí que, por otro lado, sorprenda el trato, bajo, ruin, ofensivo, que parte de la izquierda morenista le está asestando a las legítimas causas que enarbola el EZLN, por el hecho de no estar de acuerdo con proyectos gubernamentales en su zona de influencia.

¿Es que el partido gobernante, o bien sus integrantes, no han caído en la cuenta de que ahora son gobierno y están obligados a mantener una actitud distinta al opositor que durante tanto tiempo representaron? ¿Y los priistas qué? ¿Acaso no se han dado cuenta de que después de julio se han quedado irremediablemente solos, pues ya no cuentan con el manto protector y de impunidad de antes? Debieran saber que durante los tres años y nueve meses que restan a la administración muratista su gestión estará sujeta al escrutinio de una fuerza política nacional con la que tiene incompatibilidad en materia de transparencia y honestidad, por decir lo menos.

Dicen los que saben, que los desacuerdos persistentes entre personas o colectivos humanos son porque muchas veces se prefiere tener razón a alcanzar la paz. De ahí que las mentes “conflictivas” mucho deberán poner de su parte para aprender a resolver conflictos, no a crearlos. Detener a tiempo la escalada de confrontaciones, que se puede convertir en una espiral difícil de atajar, es mi mayor esperanza para este año que comienza. Convirtamos, en serio, el 2019 en un año sin violencia.

@ernestoreyes14

 

*Publicado en Noticias, "Voz e Imagen de Oaxaca"

 

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