Gritos envenenados

Ernesto Reyes


Las celebraciones decembrinas se vieron de pronto salpicadas de morbo e interés, después de la fatal noticia proveniente de Puebla: el matrimonio Moreno Valle-Alonso, además de dos miembros de la tripulación y un auxiliar del senador, habían muerto el mismo 24 al desplomarse el helicóptero en el que viajaban.

La gobernadora Martha Érika Alonso y su esposo, el ex gobernador y senador del Partido Acción Nacional, Rafael Moreno-Valle habían acabado así, de manera trágica, su intensa vida política que los había llevado a la cúspide del poder de su estado natal y en la política nacional, ya que el legislador encabezaba a su grupo parlamentario en la cámara alta y se encaminaba, como lo había intentado sin éxito durante el año que termina, a figurar como fuerte prospecto a la presidencia de la República de Acción Nacional, en las federales de 2024.

El caso de su esposa, ex alcaldesa de la capital poblana, era mucho más complicado porque su sexenio, del que caminó apenas diez días, estaba empedrado de hartas dificultades porque su triunfo en los comicios del verano pasado siempre estuvo puesto en duda por la oposición que representa Morena, que a la sazón es mayoría en la cámara local de diputados, órgano que debe nombrar al gobernador interino que sustituya a la fallecida, mientras se celebran elecciones extraordinarias.

El siniestro aéreo que se suma a otras tragedias que han enlutado a la política mexicana, lastimó al timón de mando del presidente López Obrador, porque mentes perversas que animan el “sospechosismo”, trataron de inducir en las redes sociales que el gobierno morenista algo tendría que ver en los fallecimientos, cosa tan falsa y perversa que, sin embargo, impidió que el jefe del poder ejecutivo acudiera a los funerales de la pareja poblana. Quien cargó con la furia expresada mediante gritos envenenados que al parecer fueron inducidos por el ex vocero presidencial de la pasada campaña priista y ex suspirante también a la silla poblana, Javier Lozano, aunque el anonimato dificulta la acreditación de tales versiones, fue la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, quien recibió en el rostro gritos de “asesinos” y “justicia”, el día del homenaje luctuoso.

Las provocaciones poblanas, calificadas de mezquinas por el primer mandatario, fueron muy diferentes en origen y tono, a los abucheos que se habían escuchado aquí en Oaxaca, el día 21, en el Centro de Convenciones de Santa Lucía del Camino - durante la tumultuosa recepción presidencial-, en contra del gobernador Alejandro Murat. Entrelazados los gritos con los que otros anónimos, se infiere que morenistas, protestaban airadamente contra la presencia de un legislador de Morena y otro del Verde. Dichas manifestaciones son muestra inequívoca de la polarización en que está inmersa la clase política local. El mal desempeño del bienio muratista o bien el divisionismo que caracteriza a la 64 legislatura local, pudieron ser el pretexto por el que también se quiso contaminar de ponzoña el evento del mismísimo presidente de la República. ¿Pero esta es la didáctica de la Cuarta Transformación?

Independientemente de si Murat, Salomón Jara o Raúl Bolaños Jr. se merecieran la rechifla del día (don Manuel Humberto Siordia, dixit), así como no estoy de acuerdo con la conducta de los dolientes poblanos, que expresan de modo tan ruin su oposición al nuevo régimen, tampoco me parece acertado festejar que se agreda a un adversario con epítetos. Con los contrarios, no enemigos de nuestras posiciones, hay que luchar en buena lid; es decir, de manera civilizada, pues la polarización no lleva a ningún sitio. Lo sabe López Obrador y por ello durante su estancia de tres días en Oaxaca llamó a sus seguidores a la unidad, a la civilidad, a pasar a la etapa constructiva, en síntesis: a elevar el nivel de la discusión política, lo que no implica que se callen las arbitrariedades y los abusos desde cualquier posición de poder.

Pocas crónicas periodísticas se conocieron sobre la primera visita de AMLO que incluyó, entre otros programas, la presentación de su política hacia los pueblos indígenas, donde la “estrella” refulgente es nada menos que el ex secretario de asuntos indígenas del gobierno gabinista, Adelfo Regino Montes, actual director del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, quien si todo marcha como hasta ahora, y durante su gestión se promueven beneficios reales a los pueblos originarios y afromexicanos, marginados por siempre, se puede proyectar como un fuerte aspirante a la gubernatura oaxaqueña, en el periodo 2022-28. No lo pierdan de vista.

¿Serían los bordes de la sucesión adelantada uno de los orígenes de los gritos estentóreos que provinieron de la multitud en el acto político oaxaqueño? Aprovecho para desearles a lectoras y lectores un venturoso 2019.

@ernestoreyes14

 

*Publicado en Noticias, "Voz e Imagen de Oaxaca"

 

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