Alegría y emoción

Ernesto Reyes


En el invierno del 2004, un grupo de profesionales de diversas disciplinas, particularmente del sector salud, nos reunimos en esta capital, para hablar sobre la necesidad de respaldar al licenciado Andrés Manuel López Obrador, entonces Jefe de Gobierno de la ciudad de México.

Gobernaba entonces Vicente Fox. López Obrador estaba siendo perseguido desde Los Pinos con la amenaza del “desafuero” por un tema menor en la metrópoli, pero ideado para impedir que se postulara a la presidencia de la República.

Así nació la Red Ciudadana Oaxaqueña, que con otros colectivos de izquierda comenzó a realizar acciones de difusión para denunciar dicho atropello. En este marco, en marzo del 2005, lo acompañamos en la presentación de uno de sus libros, con gran éxito de asistencia.

Gracias a los miles de simpatizantes que tenía en Oaxaca, más allá de su pertenencia al PRD, durante la elección federal del 2006, Obrador arrasó en las urnas. No obstante, poderosas voluntades se confabularon para impedir que llegara al poder, haciendo creer que había perdido ante Felipe Calderón.

Miles de seguidores, particularmente del PRD, hay que reconocerlo, de varios estados del país, secundaron el llamado de López Obrador, después de confirmarse los “resultados”, para instalarse en plantón, en el zócalo de la capital de la República.

El plantón, pero sobre todo la obstrucción de Paseo de la Reforma, causó indignación entre los capitalinos, alentados por las televisoras y el gobierno panista. Fue la manera con la cual el líder de izquierda buscaba canalizar el coraje y frustración de quienes a lo largo y ancho del país se sentían impotentes ante el atraco electoral.

Allí en la plancha del zócalo, bajo improvisadas casas de campaña y durmiendo en condiciones difíciles por las lluvias de septiembre, quienes ahí permanecimos nos relajábamos por las tardes con jornadas culturales conducidas por Jesusa Rodríguez, además de reconocidos actores y actrices que siguen fieles a esta causa.

Los más osados, porque en el plantón se prohibía ingerir bebidas, desfilaban por las noches hacia las cantinas del centro histórico, volviendo de madrugada entre acordes de alguna guitarra y con un café que nunca faltaba, dada la enorme solidaridad de la gente. Por las mañanas se procedía a manifestarse, en pequeños grupos, en las casetas de acceso a la gran ciudad.

El momento cumbre de dicha protesta, de espaldas a palacio nacional, eran las reuniones informativas del ex candidato presidencial sobre las novedades del movimiento de resistencia civil. Ahí estaban acompañándolo, entre otros, Elena Poniatowska, el fallecido José María Pérez Gay e integrantes del llamado gabinete de sombra.

Años atrás, en 1988, me había tocado cubrir informativamente las elecciones más tensas del último tercio del siglo 20. También como estudiante de ciencia política, fui testigo de la gran concentración en Ciudad Universitaria donde el ingeniero Heberto Castillo declinó a favor de Cuauhtémoc Cárdenas.

La noticia del fraude orquestado por Carlos Salinas, el 6 de julio, nos sorprendió en Juchitán de Zaragoza, cuando trabajábamos en equipo con la joven fotógrafa María Luisa Anza, actual esposa de Pedro Valtierra y la desaparecida Adriana Luna Parra (agosto de 2018), enviada del periódico La Jornada.

Desconfiado de que la derecha podía hacer algo diferente a los gobiernos priistas, acepté no de muy buena gana el triunfo indiscutible de Vicente Fox, en el año 2000, quien con el señalamiento de “traidor a la democracia” que le lanzaría cinco años después, en Cuilapam de Guerrero, un joven de RECIO, precisamente, quedó plenamente identificada su felonía.

Trece años después de aquél episodio, López Obrador se presenta este sábado uno de diciembre en el Palacio Legislativo de San Lázaro para ser investido como presidente de la República y, según el programa, pronunciar un mensaje para delinear los compromisos del Proyecto Alternativo de Nación. Ya en palacio nacional, sede del Poder Ejecutivo, estará con la gente de a pie, que nunca lo ha abandonado porque reconoce su honestidad a toda prueba. Será un momento irrepetible, feliz, emocionante, para millones que esperamos este día.

Durante el “desafuero”, a quienes lo “juzgaban”, legisladores del PRI y el PAN, Andrés Manuel les había lanzado esta frase, inspirada en Benito Juárez: … “no olviden que todavía falta que a ustedes y a mí nos juzgue la historia”.

El uno de julio pasado ya dimos nuestro juicio en las urnas. Junto con el PRD, que se les unió de última hora, quedaron reducidos al nivel que siempre debieron tener dichos partidos. Cinco meses después, gracias a este gran movimiento, pero fundamentalmente por el tesón de un líder visionario, comenzará a escribirse una nueva historia. ¡Felicidades presidente! ¡Vaya que sí se pudo!

Después de estos recuerdos: ¿cómo no estar emocionado, carajo!

@ernestoreyes14

 

*Publicado en Noticias, "Voz e Imagen de Oaxaca"

 

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