La revancha de los sin voz

Ernesto Reyes


A casi cuatro meses de haber decidido, con gran entusiasmo cívico, cambiar al corrupto régimen priista, hoy tenemos la oportunidad de participar – del 25 de octubre al día 28- en una consulta nacional sobre cómo resolver la saturación del actual aeropuerto de la Ciudad de México. Es lo que en teoría se denomina democracia participativa: un modelo político de participación abierta en donde el ciudadano ocupa un papel fundamental.

Más allá de si se cumple o no con los requisitos de una consulta popular, pues el gobierno electo todavía no asume funciones, esta práctica va a dotar de mayor legitimidad a las decisiones que en torno a las grandes obras de infraestructura y otros temas emprenda López Obrador. Someter su decisión próxima, a la voluntad popular, sin que lo obligue la norma, es un acto de soberanía, acierto político y enorme desafío para quienes no se han dado cuenta de que México ya cambió.

No ha sucedido así durante los regímenes del PRI y el PAN, por lo que este ejercicio es inédito e histórico. Y, seguramente, será precursor de futuras consultas como debiera suceder en una sociedad democrática.

En las mesas instaladas en la amplia geografía nacional, estamos conminados a expresar, con entera libertad, nuestro punto de vista sobre un asunto de amplia trascendencia, debido a la enorme cantidad de recursos públicos que están en juego, los cuales podrían servir, si gana la opción por Santa Lucía, para combatir la desigualdad.

Abrir la participación sobre asuntos que nos competen a todos, es algo inadmisible para los representantes del viejo régimen. De mi lado, como es la primera ocasión en que se me consulta, no puedo menos que agradecerlo. En mis más de 40 años como ciudadano, nunca había tenido experiencia similar.

Los resultados, a entregarse a partir del domingo 28, confirmarán si hemos sido capaces de plasmar una opinión informada o nos dejamos vencer por la mentirosa narrativa de quienes – como dice Jenaro Villamil- no se han enterado de que están muertos políticamente.

Los grandes medios de comunicación, aliados de los poderes fácticos, cuyos intereses se asoman detrás del proyecto Texcoco que echó a andar Enrique Peña Nieto, mantienen una campaña abierta para descalificar la consulta y a sus patrocinadores del gobierno electo. Y por ello amedrentan con noticias falsas y alarmantes sobre una eventual debacle económica si llegara a cancelarse Texcoco.

Manejan la idea de que una decisión técnica – ocultan el asunto de los millonarios recursos públicos gastados - sólo deben tomarla los expertos, no “los siervos de la gleba”, como seguramente nos ven a nosotros. Dichas reminiscencias medievales se escuchan cuando se refieren a la consulta como una “simulación, una “payasada”, una “tomadura de pelo”, y no sé cuántos epítetos más, puestos en boca de conductores, comentaristas, dirigentes políticos, empresariales y funcionarios.

Ahora bien, un ciudadano medianamente informado puede distinguir, muy rápido, cuál es el fondo del asunto. No es tanto si debe continuarse el aeropuerto en Texcoco o realizar obras de ampliación en Santa Lucía, Toluca y la antigua terminal, sino si esta decisión debe seguir en manos de una minoría gobernante, cuya cúspide ha sido el presidente o tomar en cuenta el sentir de quienes damos vida a la República.

En un ejercicio operado por ciudadanos, no por el Instituto Nacional Electoral, es obvio que existan errores humanos y de conectividad como se evidenció durante el primer día. No obstante, la idea es que la gente participe y se exprese libremente, a ver si así se nos vuelve costumbre.

No importa que en este primer ensayo se recoja el punto de vista de medio millón de personas o más. Como ustedes saben, las mal llamadas reformas estructurales, no estuvieron a debate público, ni le tomaron opinión a nadie, salvo a un grupo de “notables”: legisladores, dirigentes políticos, empresariales y el gabinete presidencial.

Sin embargo, excluir a la gente de a pie de las grandes decisiones tarde que temprano tiene sus consecuencias. Esto lo sabe López Obrador, un fajador nato en la política callejera, no en el discreto espacio de los “líderes de opinión”, quienes por si no se han dado cuenta, también perdieron estrepitosamente en julio pasado. Si la consulta tiene el éxito, por muchos esperado, el desenlace será algo así como la segunda revancha, en menos de seis meses, de los que no han tenido voz.

@ernestoreyes14

 

*Publicado en Noticias, "Voz e Imagen de Oaxaca"

 

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