Los infiltrados

Ernesto Reyes


La masacre de Tlatelolco sigue dando de qué hablar. La revista Proceso publicó en su número 2187 un reportaje basado en las investigaciones de María de los Ángeles Magdaleno Cárdenas, quien hurgando en el Archivo General de la Nación, encontró documentos e informes secretos que revelan nombres de personas y organizaciones priistas que antes y después de 1968 se beneficiaban de abundantes recursos para mover a grupos, en instituciones de educación superior como la UNAM o el Instituto Politécnico Nacional, con el fin de desestabilizarlas, ganar adeptos y/o controlarlas mediante el uso de “porros”.

En la Universidad Nacional Autónoma de México y en la ex tinta Dirección de Investigaciones Políticas y Sociales (DIP) de la Secretaría de Gobernación, la investigadora localizó testimonios sobre la existencia de dichas organizaciones, entre las cuales destacaba el grupo Lux, financiado por uno de los actores que propició la agresión contra los estudiantes aquél 2 de octubre: el entonces regente capitalino Alfonso Corona del Rosal. Integrantes de Lux también participarían en la provocación montada por el gobierno de Díaz Ordaz en la Plaza de las Tres culturas de Tlatelolco, que llevó a la detención de dirigentes y maestros, y a que cientos cayeran heridos o muertos.

Las investigaciones ubican al ex gobernador de Sinaloa, Leopoldo Sánchez Celis, a su hijo Leopoldo Sánchez Duarte y a una pléyade de políticos, jóvenes todos ellos, quienes llegarían a ocupar cargos en diferentes gobiernos del PRI, y algunos hasta en la oposición, como Manuel Bartlett Díaz, próximo director de la Comisión Federal de Electricidad.

Había personajes como los ex gobernadores de Oaxaca, Heladio Ramírez López y José Murat Casab, quienes en estrecha relación con el dirigente nacional Lauro Ortega, operaban a favor del Partido Revolucionario Institucional dentro de las aulas universitarias.

El documento de la DIP, en que se basa el reportaje, identifica a uno de estos grupos políticos como “Movimiento Juvenil Revolucionario “, y da cuenta de su estructura que va de la dirigencia nacional hasta dirigentes distritales; con más de200 mil miembros tan solo en la Ciudad de México, cuyas cabezas visibles además de Lauro Ortega eran Francisco Berlín Valenzuela, jefe nacional del MJR, y Heladio Ramírez López, jefe en el entonces Distrito Federal.

Muy amigo de Carlos Salinas de Gortari, Heladio llegaría a tener cargos públicos a partir del gobierno de Luis Echeverría; luego fue gobernador de Oaxaca y dirigente de la Confederación Nacional Campesina, además de legislador federal varias veces. Contemporáneo de Ignacio Ovalle, mentor de Andrés Manuel López Obrador, en Oaxaca se le recuerda, además de su discurso pretendidamente indigenista, por haber entregado prácticamente el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca al magisterio. Uno de los hijos de Heladio, Luis Antonio Ramírez Pineda, hoy candidato a dirigir el ISSSTE sin pertenecer a Morena o a algún partido de izquierda, sino todo lo contrario, aspiraría también a gobernar Oaxaca.

En un segundo grupo, llamado “Benito Juárez”, movimiento secreto cuyos integrantes usaban charolas de la Secretaría de Gobernación para encubrir sus actividades en varios centros de enseñanza, había dirigentes como “Nelson Murat Casab, Carlos Tarrab, Lidio Nava y Jesús Anlen, quienes tenían una especial relación con los hermanos Salvador y Rafael Corrales Ayala”. Todos ellos tendrían carrera en el poder judicial. Murat, quien sería diputado federal varias veces, senador y gobernador de Oaxaca es enemigo jurado de Diódoro Carrasco Altamirano y Elba Esther Gordillo, entre otros. Sin embargo, gracias a sus buenos oficios prestados a Peña Nieto, cuando se firmó el llamado Pacto por México, Murat pudo colocar a su hijo Alejandro en el gobierno de Oaxaca y a otro de ellos, Eduardo Enrique, como senador suplente del chiapaneco Manuel Velasco.

Se le recuerda porque tras promover, con otros, una tensa visita presidencial a la UNAM, José Nelson ayudó al escape de Luis Echeverría de la Facultad de Medicina, donde los estudiantes lo habían rechazado a pedradas. Como se observa, era evidente la labor de infiltración que ambos políticos oaxaqueños realizaron durante sus años juveniles, en la acera opuesta de miles de hombres y mujeres que lucharon, cayeron presos y hasta ofrendaron su vida por conquistar muchas de las libertades de las que hoy gozamos.

Con estos antecedentes, el “porrismo” tiene parte de su origen en aquellos políticos del PRI, que aunque estén en la tercera edad, siguen decidiendo abierta y arbitrariamente los destinos de Oaxaca. Aquí no están infiltrados, ni se esconden: es probable que, como el camaleón, sólo cambien de color para estar a tono con la nueva clase política.

@ernestoreyes14

 

*Publicado en Noticias, "Voz e Imagen de Oaxaca"

 

Otras columnas: