El 68 y los cambios

Ernesto Reyes


en los años sesenta, 1968 significó, antes que otra cosa, el tiempo de los Juegos Olímpicos y la imposición, paulatina, entre los estudiantes - cuando San Juan Bautista Tuxtepec era un rancho grande con apenas tres escuelas primarias, una secundaria técnica y un colegio privado- del fútbol como moda, en lugar del llamado “Rey de los deportes” al que éramos aficionados.

Recuerdo que en nuestro plantel, del barrio “La piragua”, se organizaron torneos de fútbol soccer con uniformes alusivos a los países participantes de aquella justa deportiva. Incluso semanas después, llevaron a Tuxtepec al sargento José Pedraza, quien había obtenido la medalla de plata en la final de marcha de 20 kilómetros.

Lejos estábamos, allá en la Cuenca, del movimiento que se estaba viviendo, en la capital de la República, a raíz de actos represivos del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz en contra de universitarios y politécnicos, que desembocaron en la matanza del 2 de octubre.

Ahora que se cumple medio siglo de aquél acontecimiento histórico, y recordamos la violenta respuesta a quienes demandaban diálogo, muchas cosas han tenido que suceder para que la sociedad mexicana saliera de su letargo.

Por lo pronto, las transformaciones sociales que poco a poco se han ido produciendo, no pueden desligarse de la luminosidad que irradiaron aquellos jóvenes en la lucha por derechos hasta entonces conculcados.

Sería hasta 1974 en los inicios del movimiento universitario y popular oaxaqueño cuando tuve conciencia, junto a mis compañeros de generación, que las demandas del 68 estaban vigentes, pues el autoritarismo campeaba en nuestro entorno. Aquí, como en la ciudad de México, siempre se acusó a los inconformes de estar manipulados por “intereses externos”, con el fin de “desestabilizar a las instituciones”.

La fuerza del movimiento que llevó a la salida del gobernador, en el año 1977, afinó los mecanismos represivos del Estado para aislar y castigar a los más radicales y cooptar a otros, tal como había sucedido después del 68 con la “apertura democrática”, de Luis Echeverría.

Sin embargo, las dramáticas enseñanzas de aquel movimiento nos llevarían a vislumbrar que los cambios debían lograrse por la vía pacífica, aunque tardaran más, utilizando los pocos espacios democráticos que se iban conquistando. Muchos años después, en el año 2010 las y los oaxaqueños propinamos el primer descontón electoral al tricolor, pero este proceso para muchos no cuajó; sin embargo, el viejo sistema se mostró vulnerable, aunque se reinventara un sexenio después.

La primera reforma política del año 79 que legalizó a partidos de izquierda y abrió a regañadientes el pluralismo político, destapó la olla de presión que se había expresado antes y después de Tlatelolco en movimientos guerrilleros. También se empezaron a abrir espacios en las universidades, cuya contraparte como mecanismo de control es el “porrismo”.

Sin desconocer el aporte a otros movimientos sociales que dejó el 68– como la disidencia magisterial, las luchas obreras, campesinas, indígenas, estudiantiles, comunitarias, antieólicas, la insurrección zapatista, etcétera-, el fortalecimiento de viejos partidos como el PAN, logró que se conquistaran las primeras gubernaturas en el Norte. Dos eventos serían significativos: el gran fraude cometido contra Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 y el segundo golpe contra la democracia electoral del año 2006. Se tuvo la sensación y hasta la certeza, de que el neoliberalismo había llegado para quedarse.

Sin embargo, dicho modelo económico, hasta el periodo de Enrique Peña Nieto, ha causado enormes estragos por lo que la población, hastiada, votó masivamente en julio, otorgándole la responsabilidad de encabezar una nueva época de transformaciones a Andrés Manuel López Obrador.

Entre 1968 y 2018 emergieron nuevos fenómenos como la inseguridad, la violencia y la crisis de derechos humanos que malamente identifican actualmente al país. Es imposible resumir, en tan breve espacio, todo el caudal de cambios que aceleró el 68 Pero si alguien pregunta: ¿Qué relación tienen los sacrificios de la generación del 68 con las transformaciones del México actual?, podría responder que la inminencia de un gobierno de izquierda es parte de aquella herencia no por dolorosa menos vital, por lo que en esta fecha conmemorativa hay que hacer honor a quienes en aquella época empeñaron su inteligencia y ofrendaron su vida para que disfrutemos de un país con mayores libertades. La inscripción con letras de oro en la Cámara federal de Diputados de la frase “Al Movimiento Estudiantil de 1968” que se realizará el próximo martes, es un acto de justicia que hará que el 2 de octubre jamás se olvide.

@ernestoreyes14

 

*Publicado en Noticias, "Voz e Imagen de Oaxaca"

 

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