Los “fifís”

Ernesto Reyes


Interesantes tiempos estamos viviendo a dos meses y medio de que tome posesión López Obrador. No sólo porque el gobierno electo, empeñado en informar de todos sus pasos, está incrementando la confianza de quienes votaron por él y también de quienes no lo hicieron, sino porque sigue firme la embestida mediática para desacreditar sus propuestas, iniciativas, es decir, los modos y las formas con que se regirán los destinos nacionales.

Si no es el tema del “nuevo aeropuerto”, y lo relacionado con la consulta popular planteada, es la expresión “bancarrota” que usó el virtual Jefe del Ejecutivo, o la mal llamada Reforma Educativa. Bueno, la crítica hasta procaz, señala que un presidente que se queda varado cuatro horas en un avión comercial – como le sucedió a AMLO en Huatulco a su regreso del Istmo de Tehuantepec a donde fue a anunciar apoyos para la reconstrucción - está perdiendo un tiempo valioso para la República, lo que no sucedería si tuviese el avión presidencial.

La idea de la hipotética consulta (o encuesta) sobre el nuevo aeropuerto, está siendo bombardeada por la oposición política y mediática, bajo el argumento de que un asunto técnico no debe ponerse a consideración del común de la gente.

Son rémoras, de la actitud clasista, machista y excluyente que dominó el México independiente, la Reforma, el Porfiriato, incluso durante la Revolución, cuando se mantuvo la convicción, equivocada, de que la mujer no debía participar en política, pues “votar era cosa de hombres”. En el fondo de este absurdo, está la negativa a que los gobiernos estrechen su contacto con el pueblo y se ocupen de los problemas sociales. A esto le llaman despectivamente populismo.

Los del poder económico, prefieren a un político que realice jugosos “negocios” en su beneficio, que se preste a componendas con los barones del capital, que favorezca con contratos de obra a sus amigos; que meta a su familia a los puestos públicos, que en fin: conviva y sea rehén de los oscuros intereses que han gobernado México.

En este coro, aparece en primer lugar, la llamada “prensa fifí”, la que habla por las empresas que han vivido, durante décadas, del presupuesto público para agrandar fortunas, pero también a la numerosa nómina de comentaristas, articulistas, columnistas, conductores radiofónicos y de televisión, incluso reporteros de a pie, acostumbrados a complacer al gobernante en turno y cuestionar con campañas “negras” a las voces que difieren. Su tarea es y seguirá siendo defender las políticas públicas, el modelo económico y reforzar el discurso dominante de los gobiernos neoliberales. Pero esto ya cambió.

Y como esta era de beneficios, intercambio de favores y perversa relación prensa- gobierno está llegando a su fin, muchos están en una histeria colectiva ante la incertidumbre sobre cómo viene la nueva política de comunicación social.

También hay actores políticos del viejo régimen que sufren del mismo nerviosismo. Por ejemplo, gobernadores como el de Oaxaca se abalanzan a ponerse “a las órdenes” del virtual mandatario. La experiencia de AMLO en tratar a políticos falsos, mediocres y traicioneros, que a la hora de los cambios se encaraman al carro del triunfador, pondrá a cada quien en su lugar, sobre todo en entidades donde, él lo sabe bien, los clanes familiares siguen mandando.

El ímpetu del gobierno muratista, que hoy presume “amistades” por conveniencia, podría ser frenada, muy pronto, por la mayoría morenista en el Congreso local, a fin de someter a una estricta supervisión el accionar público. La designación de una súper delegada del gobierno central es parte de las nuevas reglas del juego, pero esto no será suficiente si no se acompaña de procesos firmes de auditoría, sobre los recursos federales, cuidando que el gobierno observado no reclame fueros y se ampare en la pretendida soberanía estatal, que no es otra cosa que un paraguas jurídico para seguir ejerciendo el cargo como un verdadero “Virrey”, sin que nadie lo llame a cuentas. ¿Cambiarán dichas condiciones? ¿O faltará talento y decisión a la nueva mayoría?

Las genuflexiones vistas en el Istmo, confirman la idea de López Obrador, durante sus tres campañas, de que lo más importante era llegar a palacio nacional, porque desde ahí sí se pueden emprender medidas para beneficiar a la gente, así como también llamar a cuentas a gobernantes y políticos corruptos, para lo cual el peso de la mayoría en el Congreso de la Unión es fundamental.

En política, hay también gobernantes “fifís”: aquellos que se convierten en “alfombra” cuando pasa el poderoso, buscando impunidad, solapamiento o simplemente “nadar de a muertito” ante las nuevas condiciones políticas. Lo que se observó en Juchitán, es consecuencia de la era de transformaciones que trajo consigo el uno de julio.

@ernestoreyes14

 

*Publicado en Noticias, "Voz e Imagen de Oaxaca"

 

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