Retos y riesgos de Morena

Ernesto Reyes


Tuvieron que pasar dos elecciones y un sinnúmero de obstáculos, por parte de poderosos grupos de interés, para que nos convenciéramos de la necesidad de cambios profundos en el régimen político y la economía. En estos cuatro meses y medio, antes de asumir el cargo, el mandatario electo arma con celeridad su equipo de colaboradores; diseña las 12 reformas primerizas que enviará al nuevo Congreso de mayoría morenista y afina negociaciones para impulsar las reformas de Estado posibles, pues su partido no cuenta con mayoría calificada para modificar la Carta Magna. Un punto importante es gestionar con el presidente Peña presupuestos de ingreso y gasto del año entrante para darle sustancia a programas sociales y acciones de gobierno.

En apenas dos semanas López Obrador ha celebrado acuerdos con los principales factores de poder que aceptan la nueva realidad política. Ayer mismo recibió en visita de cortesía a enviados del presidente Trump, en el primer contacto de hecho, entre el inminente gobierno de izquierda y una administración que ha sido altamente lesiva con la población migrante, y ofensiva con toda la Nación.

Salvo a Luis Echeverría que se confrontó con el Grupo Monterrey, en la época reciente no se recuerda a otro político al que grupos de poder se opusieran con tal enjundia. Se le puede comparar con el racismo con que los conservadores trataban al presidente Juárez, indígena oaxaqueño de origen humilde. Cuando una persona de las familias pudientes quería ir al baño, soltaban esta frase: “Voy a Juárez”.

El antilopezobradorismo permeó tan fuerte que todavía empresarios, servidores públicos, políticos, comentaristas, periodistas, intelectuales, medios de comunicación y gente común se resisten a creer en que los cambios anunciados traerán bienestar a México, y harán todo lo posible porque la agenda de López Obrador fracase. Sólo en este perfil de la vertiente conservadora y la defensa neoliberal de los privilegios nos podríamos parecer a Venezuela.

La primera aduana son las elecciones estatales del año próximo, así como las federales intermedias de 2021, a fin de que se recuperen partidos como el PAN y el PRI, para que esos mismos grupos cuenten con una oposición renovada y fortalecida. Quien crea que el viejo sistema está liquidado se equivoca. El PRI, ante dos administraciones panistas que pactaron sólo cambios cosméticos, reverdeció en sus laureles, y si no fuera por la corrupción, la impunidad y los fracasos en seguridad, se aprestaría a seguir mandando.

Frente a este reto, el líder tabasqueño ha presentado un programa de reformas centradas en el combate a la corrupción, entre ellas 50 medidas para la austeridad en el servicio público, entre las que destaca un comportamiento ético y sin lujos de los funcionarios, cancelar oficinas de prensa y reducir, en un cincuenta por ciento, la publicidad oficial, lo que eliminaría la “ley chayote” recientemente aprobada. Lo novedoso es la desaparición de las delegaciones federales en los estados a cambio de una sola coordinación estatal de programas integrales de desarrollo de la presidencia de la República, a cargo en Oaxaca, de Nancy Ortiz Cabrera, quien esperemos honre con su conducta y capacidad la confianza depositada, y vigile, con el Congreso local, también de mayoría morenista, el desempeño en cuanto a corrupción e impunidad del gobierno de Alejandro Murat.

A la nueva y súper poderosa representante de AMLO se le demanda apegarse al número 43 de estas medidas: “Tratar con amabilidad a los ciudadanos en las oficinas y en cualquier lugar que los identifiquen”, y no suceda como con tantos líderes que siguen utilizando la mentira, la simulación, el abuso y la avaricia en su conducta.

¿Qué le corresponde ahora a los cuadros dirigentes y militantes de Morena, el partido núcleo en el que descansará la nueva gobernabilidad del país? Iniciar un proceso de análisis y reflexión para prepararse a dirigir el cambio, en consonancia con su líder; avanzar en su organización interna, con procesos democráticos; acotar a los aliados incómodos y oportunistas llegados de otros partidos, y no dar tregua a las fuerzas de la reacción en la ruta de consolidar una ideología de izquierda que, más allá del pragmatismo, dé sustancia al nuevo régimen que está por nacer.

La experiencia en gobiernos locales de oposición anteriores a nivel estatal y municipal nos ha enseñado, que cuando no se toman decisiones radicales y firmes para cambiar el estado de cosas, y sustituir sólo a las personas sobre las mismas estructuras, el viejo régimen se transfigura y revive disfrazado de los nuevos gobernantes. Y aparece el PRI como “salvador”. A la sociedad organizada le corresponde vigilar que esto no suceda. Estos son algunos de los retos y riesgos que tiene ante sí Morena y el morenismo. Los cambios van en serio.

@ernestoreyes14

 

*Publicado en Noticias, "Voz e Imagen de Oaxaca"

 

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