Y ahora que

Ernesto Reyes


Tras confirmarse el resultado de los cómputos para enviarlos al tribunal electoral, en el país se respira un mejor ambiente: hay menos beligerancia entre la clase política y los grupos de poder, y hasta los medios de comunicación han aminorado la resonancia que durante la campaña otorgaron a los contrarios a la candidatura de Andrés Manuel López Obrador.

Los 30 millones de votos, producto de la voluntad popular, le permitirán transitar, en este periodo, con un amplio bono de legitimidad que, salvo Vicente Fox, no tuvieron ni Felipe Calderón, ni mucho menos Enrique Peña. El triunfo fue bastante holgado, por lo que tanto el gobierno actual, como sus adversarios político-empresariales se quedaron sin argumentos, aunque nadie puede asegurar que vaya a acabar la “guerra sucia” contra el virtual presidente electo.

Desde los tiempos del partido casi único, no se había visto una amplia participación popular en las urnas. En un país donde nunca ha ganado ni gobernado la izquierda, ésta fue una verdadera fiesta democrática, salvo el caso del estado de Puebla, y ayuntamientos tradicionalmente competidos.

Las causas de la debacle del PRI-PAN y PRD, no sólo tienen su origen en el hartazgo sobre el sistema político que se mantiene desde 1929, sino en un tema crucial que hoy es el reto a resolver a partir del próximo 1 de diciembre: la corrupción y el abuso de poder de los que hicieron causa común la partidocracia, los empresarios consentidos del régimen y servidores públicos abusivos.

Mientras el sistema de financiamiento de los partidos no sea modificado, mediante una reforma política de gran calado, que ahora sí se puede aprobarla el nuevo congreso, no podemos hablar de verdadera competencia política. Tendrá que diseñarse una nueva arquitectura legal para reducir sueldos – desde los magistrados, el presidente, hasta los cargos superiores en cualquier dependencia-, cambiar diametralmente la asignación de recursos al sector social favoreciendo, sin clientelismo, a los más pobres, así como echar a andar el Sistema Nacional Anti- Corrupción, que con una presidencia priista nunca ha caminado.

Hay muchas tareas pendientes, como modificar la Ley de Seguridad Interior, una Fiscalía General independiente, la revisión de contratos leoninos en sectores estratégicos, la reorientación del gasto, así como la eliminación de privilegios que hoy favorecen a funcionarios, legisladores, ministros, gobernadores y presidentes municipales que con singular alegría se han repartido dineros que no son suyos.

En la actitud del nuevo servidor público que los nuevos tiempos demandan, mucho tendrá que cambiar de raíz, para no terminar esta cuarta alternancia como las tres anteriores: desencantando a la gran mayoría, que durante estos 18 años no vio mejorada su economía ni el bienestar.

Con la mayoría que ejercerá Morena en el Poder Legislativo, no hay pretextos para que mediante leyes y acciones de beneficio amplio comience a transformarse el rostro de México, y sin sobresaltos, dependiendo del entorno económico que enfrente la administración federal entrante. Ya el propio López Obrador ha adelantado el eventual cumplimiento de promesas de campaña, como la pensión a los adultos mayores, el apoyo a jóvenes, la cancelación de pensiones vitalicias a expresidentes y la venta de costosas aeronaves. Sobre la seguridad física del presidente, aunque desaparezcan las funciones del Estado Mayo Presidencial, finalmente el nuevo habitante de palacio nacional tendrá que convencerse de que es imposible no contar al menos con un grupo de élite para que lo cuide de un atentado criminal o de los mismos reclamos populares por la situación económica. La “luna de miel” con el pueblo nunca es muy larga. La gente espera resultados prontos y tangibles.

Como la entidad oaxaqueña ha funcionado como una reserva del voto verde, sujetos sus ciudadanos desde siempre a la compra y coacción del voto, la Federación en el ámbito de su competencia– ahora diputados y senadores habrán de cumplir su papel- tendrá que vigilar celosamente la aplicación del presupuesto en el gobierno de Alejandro Murat, a fin de prevenir y sancionar desvíos, lo mismo respecto a los presidentes municipales de todos los partidos.

La soberanía estatal y la autonomía municipal no pueden ser pretextos para continuar ejerciendo el poder como hasta ahora. Esto es parte de lo mucho que está por venir; faltarán y estarán en la agenda otros cambios, hasta en la actitud de los medios de comunicación durante estos largos cinco meses para que se instale formalmente la nueva alternancia, proceso en el que la sociedad organizada no debe ni puede estar ausente.

@ernestoreyes14

 

*Publicado en Noticias, "Voz e Imagen de Oaxaca"

 

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