El cambio que soñamos

Ernesto Reyes


Huérfanos, políticamente hablando, priistas, panistas y perredistas se quedaron en Oaxaca a la espera de visitas estimulantes de sus candidatos presidenciales de cara a la elección que está resultando, paradójicamente, la menos competida de las tres últimas, aunque partidos y gobiernos sigan impulsando hasta el final la “guerra sucia”, el voto “útil” y la “compra del voto”, para bajar de última hora al líder de las encuestas. Aunque los dígitos se cierren, las diferencias entre los tres primeros están muy abiertas, por lo que auguramos que no será una elección cerrada. El cambio de régimen está muy cerca.

Así como en 2006 y 2012 todo se confabuló para que Andrés Manuel López Obrador no alcanzara la presidencia, hoy existe un ánimo de regocijo, de empoderamiento de muchas voluntades que durante casi toda su vida estuvieron esperando que algún día se produjera un cambio verdadero. La ocasión llegó: la coalición de AMLO podría alcanzar también la mayoría en el Congreso federal, según las casas encuestadoras más creíbles.

Agustín Rodríguez, amigo y excompañero de carrera, michoacano y politólogo, me llamó para conversar sobre cómo estábamos viviendo los oaxaqueños este final histórico. Coincidimos en que aunque los candidatos de Morena no son “hermanitas de la Caridad”, los fallidos gobiernos de Silvano Aureoles y Alejandro Murat, más la oposición a Peña y a que las mismas familias se sigan repartiendo el poder, los han vuelto sobradamente elegibles aunque existan dudas en su desempeño posterior.

Me decía que en tierras michoacanas perredistas decepcionados de los “chuchos” – como aquí en Oaxaca- pero también priistas de muy baja estofa, se han sumado a la barcaza morenista que recogió a muchos fariseos, quienes van sobre las arcas públicas, cosa que según López Obrador, no lo va a permitir, advirtiendo que se castigará cualquier conducta indebida aunque se trate de sus más cercanos.

Algo parecido sucede en Oaxaca con varios aspirantes de Morena, el PT y el PES que buscan senadurías, diputaciones y alcaldías con inconfesables propósitos; tienen poca o nula experiencia en el servicio público o han sido señalados de ineficacia y oscuridad por donde han pasado. Caso aparte revisten quienes han colocado a su familia, amigos y empleados como aspirantes, con el propósito de fortalecer grupos y corrientes que escalen posiciones futuras.

Todo ello existe, le dije a Agustín, pero aún con este panorama, las mediciones anticipan que dichos aspirantes serán votados a favor en más del 40 por ciento, a contrapelo de las otras coaliciones – el PAN, Verde, Panal, el PRI, PRD y MC- donde abundan personajes ampliamente conocidos pero no por su intachable conducta o mérito social, sino como depredadores de las arcas públicas, traficantes de influencias, burócratas, y algunos hasta relacionados con la delincuencia y el trampeo de votos, cuyos perfiles son impresentables.

Aunque es difícil impedir el voto diferenciado, es decir, que el caudal a favor de muchos candidatos sea menor respecto a la boleta presidencial, es saludable que la gente no vote a ciegas y ponga a cada quién en su lugar, a fin de evitar que la nueva clase política que surgirá el uno de julio, esté manchada de dudas o sospechas, pues ello no le dará ningún servicio positivo a la democracia. Ganarán aquellos que se lo merezcan y hayan trabajado por el sufragio.

Coincidí con Agustín, sin embargo, que aún con todo los asegunes arriba señalados, mi voto será a favor de la izquierda y el centro progresista en que siempre hemos creído, porque sólo así podrá darse veracidad a la narrativa en contra de la corrupción, la pobreza, la desigualdad, la injusticia y la inseguridad que estamos padeciendo, males que las administraciones anteriores no han sabido combatir con el ejemplo de quien encabeza la Jefatura de Estado: la honestidad, la experiencia política y la voluntad de hacer bien las cosas. En la lucha de tecnócratas contra los políticos, ganarán estos últimos.

Después del uno de diciembre, habrá días de probable tensión y reacomodos. Pero tocará a instituciones fuertes, a los medios de comunicación y a la sociedad civil activa vigilar a los nuevos gobernantes y representantes, a fin de asegurarse que las promesas se cumplan en la medida de lo posible, y que no retoñen las mafias, ahora con otro color.

Emocionado, mi ex compañero Rodríguez me dijo al pausar la conversación, que retomaremos el domingo próximo a ver si acertamos en nuestro pronóstico: “Yo creí que nunca íbamos a ver el cambio que tanto soñamos en la Universidad”. Ante una semana donde veremos los últimos intentos por aferrarse al poder, no necesito de ninguna reflexión: con alegría y responsabilidad cívica mi voto será parejo, y ya saben por quién.

@ernestoreyes14

 

*Publicado en Noticias, Voz e Imagen de Oaxaca

 

Otras columnas: