Anselmo: privilegio de la amistad

Ernesto Reyes


Correspondió a su hija, Luisa Elliet, La beba, durante el homenaje rendido este miércoles a Anselmo Arellanes Meixueiro (21 de abril de 1940-23 de mayo de 2017), con motivo de su primer aniversario luctuoso, referirse al gran amor que le tributó el desaparecido intelectual oaxaqueño a su perro consentido, el Pingo.

Del Pingo tienen abundantes recuerdos su esposa María Luisa Cancino (Tuti), sus hijas además de Luisa, Nimcy y Yayeé, y por supuesto los familiares y amigos que acudíamos a visitarlos a su casa del barrio Trinidad de las Huertas. Cuando enviados de la señora Irma Rivas acudieron a realizarles un estudio fotográfico el Pingo insistiría, con su empeño y desenfadada actitud perruna, en salir finalmente en las imágenes, aún contra la voluntad de los presentes. Y sí, en la portada y contraportada del libro “Diez textos migrañudos en recuerdo de Anselmo Arellanes Meixueiro”, el adorado can aparece echado a su diestra en el corredor de la casa, así como en el momento en que posan las cuatro mujeres con él sentado en una hamaca, con la indumentaria del Istmo de Tehuantepec, región de donde es originaria su viuda: Ciudad Ixtepec para ser más precisos.

Dicha evocación, ante una sala repleta de amigos, familiares y compañeros de Anselmo, en la Casa de la Cultura Oaxaqueña, le puso el sabor humano al reconocimiento brindado en el libro a la amplia trayectoria académica, docente, sindical, en la lucha social, política y de defensa del patrimonio histórico, arquitectónico y la ecología de su amado terruño, amén de sus pasiones por el periodismo, la historia y la tarea editorial, de cuyos testimonios damos cuenta en las diez colaboraciones a lo largo de 64 páginas.

Además de las fotografías proporcionadas por la familia, aportan sus testimonios, en la amplia gama de saberes de Anselmo, Víctor Raúl Martínez Vásquez (coordinador), Francisco José Ruiz Cervantes, Roberto Pérez Gijón, Macedonio Alcalá Ferreira, Filiberto Jiménez Milla, Claudio Sánchez Islas (editor), Cipriano Rojas, la investigadora estadounidense Francie R. Chassen, Manuel Esparza y el que esto escribe. Responsable de esta edición, de producción limitada, es Claudio Sánchez Islas, jefe de Carteles editores, quien sigue la tradición de los viejos impresores, como fue su padre, el periodista Néstor Sánchez, y el profesor Ventura López Sánchez, fundador de La Proveedora Escolar, quien en su momento apoyó la producción editorial de Anselmo y de prometedores valores de aquella generación.

Anselmo siempre cargaba en el hombro su inseparable cámara fotográfica mediante la cual guardaba recuerdos de sus andanzas de investigador y los viajes familiares. También usó una videocámara para recabar testimonios sobre diferentes temas. Parte de su espíritu seguramente se quedó en las gruesas paredes del Archivo General del Estado o en otros archivos históricos y bibliotecas de la entidad o del país. Y obviamente, en su amplia biblioteca personal a donde acudían incluso, notables investigadores, en busca de un dato, un recorte, un guiño del tiempo.

Hombre de izquierda, conocedor del marxismo, pero jamás dogmático, Claudio Sánchez destaca la gran amistad que mantuvo Anselmo con intelectuales oaxaqueños de la vieja guardia, como el connotado panista e historiador, el licenciado Luis Castañeda Guzmán, el ingeniero Alberto Bustamante Vasconcelos o el antropólogo, John Paddock, entre otros. Manuel propuso, delante del público, que una vez desaparecido físicamente el patriarca Anselmo, caracterizado por Claudio como la correa de transmisión de los antiguos patriarcas de la historiografía estatal a las generaciones más recientes, habrá que buscar quién tome la estafeta. Manuel soltó el nombre de Claudio, pero por edad y mañas, de las buenas y de las malas, le llevan ventaja otros de nuestros amigos, que cumplen con creces los requisitos, pero que sin embargo jamás podrán igualar la capacidad de convocatoria y consenso que provocaba el privilegio de la amistad de Chemo, jefe indiscutible de los migrañudos, como los bautizó Ismael Sanmartín.

En la coyuntura electoral en curso, se me ocurrió decir, la mesura y honestidad personal e intelectual de Anselmo hace mucha falta para seguir escudriñando, como lo hicimos tantas veces con él, el presente y el futuro del país y del solar oaxaqueño.

La presentación del libro tuvo un entorno triste, porque esa misma mañana, en la ciudad de México, había fallecido Marcos, uno de los 14 hermanos Arellanes Meixueiro. Contó La beba que cuando alguien le preguntaba a su padre por qué tanta protección para el Pingo, él les contestaba, más o menos así: “Cuando muera, si él fallece antes, seguramente me va a ayudar a cruzar el río, en el camino hacia el más allá”.

@ernestoreyes14

 

*Publicado en Noticias, Voz e Imagen de Oaxaca

 

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