Oaxaca y Veracruz: el mismo dolor

Ernesto Reyes


Mientras redacto estas líneas, escucho la transmisión radial del Cuarto Foro Especial de Son Jarocho, desde la Perla del Papaloapan, en ocasión de la festividad anual de La Candelaria.
La delincuencia y el crimen, con su cauda violenta, en esta zona bañada por el río Papaloapan, que une a los estados de Oaxaca y Veracruz, con gente alegre y digna, inhibe la visita del turismo a Tlacotalpan, hasta en tanto no aminoren los peligros que Miguel Ángel Yunes y Enrique Peña Nieto son incapaces de detener.
No obstante, entre jaranas, sones y décimas que escucho desde lejos, no puedo más que alimentar mi más firme esperanza de que la sonoridad de la música jarocha y la imaginación creativa de sus poetas y decimeros, amortiguan de algún modo el desaliento que dejaron los demoniacos saqueos del ex gobernador Javier Duarte, su familia y cómplices.
De lo que estoy seguro, como también para nuestro Oaxaca querido, es que en el proceso por definir a quiénes nos representarán próximamente, ambos estados requieren algo más que buenos deseos para cambiar el actual estado de cosas. Necesitamos, como sociedad, sacudirnos el temor y la apatía, que acobardan a los pueblos, a cambio de una nueva actitud esperanzadora.
En su historia reciente, Oaxaca como Veracruz, con tan hondas raíces culturales, no han tenido la suerte de contar con gobernantes honestos y eficientes. Por el contrario, independiente de él o los partidos que gobiernen, se utiliza la administración pública para el beneficio de camarillas locales o importadas de otras regiones de la República.
El desmantelamiento del gabinete de Alejandro Murat, sin que ofrezca certezas de actuación profesional eficiente, es directamente proporcional al mal sino que acompaña su gobierno desde hace 14 meses. Cuando no son maestros, taxistas, mototaxistas y materialistas violentos, así como grupos campesinos y sindicatos, son trabajadores de salud y hasta los burócratas quienes pasean ruidosos sus demandas. Como se escucha a una orquesta desafinada o sin director presencial, funcionarios estatales son fuente noticiosa no tanto por su apego a la labor gubernativa, sino por terminar ante la opinión pública de anti ejemplos de virtudes y decencias. Más de un año perdido en cambios, despidos y reacomodos rezagan aún más la atención de problemas añejos y actuales que se van acumulando.
Reciente el caso de Ángel Meixueiro, ex titular de Coplade, a quien se le ubica como parte de la indagatoria de la fiscalía de Chihuahua sobre presuntos actos de corrupción por seis mil millones de pesos durante el gobierno de César Duarte en Chihuahua. Meixueiro, amigo del presidente nacional del PRI, Enrique Ochoa, con quien trabajó en la CFE, es investigado - dice un reportaje en Eje Central-, por actos de desvío de recursos para fines electorales en el 2015, a quien por otra parte no se le puede deslindar de los afectos del gobernador Murat.
Temas no tan menores como la alerta sísmica, el reclamo de trabajadores de salud y burócratas, asediados por despidos y la falta de democracia interna, parecen no quitarle el sueño a Murat, quien pareciera estar esperanzado en que el tiempo le quite beligerancia a los asuntos, antes de empeñarse en resolverlos. La ineficacia de muchos de quienes lo rodean, muestran a un gobernante zarandeado por rachas huracanadas que amenazan con arrastrarlo. Como nadie sabe cuál será el resultado de los comicios de julio, pareciera que el futuro de Murat, ante el relevo del Poder Ejecutivo Federal, dependerá de quién resulte electo como presidente. Si le tocara un mandatario “amigo”, quedaría de algún modo asegurada su permanencia en palacio de gobierno. Si éste no fuera el caso, nadie imagina cómo sorteará Murat, cuyas ligas con el grupo político del Estado de México son evidentes, las nuevas condiciones políticas, ante una presidencia que no sea de su partido.
Lo anterior explica los jaloneos, descartes y renuncias con repercusiones en el PRI nacional, entre quienes aspiran a encabezar las dos fórmulas para el Senado de la República, ante la eventualidad de que el PRI, con sus aliados el Verde y el Panal, pudieran ser derrotados en la contienda.
Como la cámara alta es semillero de futuros gobernadores, los actores políticos, el tricolor y los otros partidos nacionales, tratan de ubicar, desde este momento sus piezas en el actual y futuro ajedrez político.
Mientras en Veracruz, el gobernador quiere heredarle el puesto a su hijo, Miguel Ángel Yunes Márquez para seguir mandando, como en las monarquías más rancias, en Oaxaca estamos, como nuestros vecinos, emparentados con el mismo dolor. En la omnipresencia del padre, debe estar el problema.
@ernestoreyes14

 

*Publicado en "Noticias, Voz e Imagen de Oaxaca"

 

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