La irritación de ¨Peña

Ernesto Reyes


Vaya presidente que padecemos los mexicanos, aunque muchos no hayamos votado por él. Pero en un país donde el Poder Ejecutivo lo asume el partido que acumula mayor número de votos, no importando el modo como éstos se hayan adquirido- "haiga sido como haiga sido", en la desafortunada expresión de Felipe Calderón–, hemos tenido que convivir con este régimen.

Con las actuales revelaciones de la trama Chihuahua que ya tiene en prisión a algunos de quienes inyectaron ilegalmente recursos de aquella entidad al PRI nacional, así como investigaciones periodísticas sobre las tarjetas Monex usadas ilegalmente en el Estado de México en 2012, va quedando más claro, muchos años después, que Enrique Peña Nieto se hizo elegir de este modo.

Sin embargo, hoy los astros se alinean para que, por primera vez, la izquierda más presentable se alce con el triunfo en la contienda presidencial. Esta percepción, a cinco meses y medio de la votación, va permeando entre sectores informados, analistas y amplios segmentos de la población, sentimiento que se expresa en diversas maneras que ahora tenemos para comunicarnos.

Mientras, el aspirante teflón, protagonista del spot del “ya sabes quién”, recorre el país buscando empatía con el electorado que en contiendas anteriores no lo apoyó, y la generación millennial, es decir, las personas nacidas entre 1982 y 2002, que tienen en el uso de las redes sociales un instrumento muy poderoso para hacerse escuchar. Son ellas el termómetro del clima político nacional.

Asumiendo la posición de inminente Jefe de Estado, Andrés Manuel, hoy incorpora a su proyecto a aliados inimaginables que en el pasado no creyeron en su propuesta de encabezar un gobierno honesto, vacunado de la corrupción y del abuso en el poder. Dicha percepción, está basada en la variedad de estudios demoscópicos actualmente en boga.

Lo anterior viene a cuento porque en desesperada y lamentable “defensa” de su régimen, mismo que es constantemente vapuleado por variopintas expresiones transmitidas en las plataformas digitales, Peña se tira al suelo para quejarse de manera amarga que los logros alcanzados por el país, bajo su conducción, siguen sin ser reconocidos.

De ahí que en un acto celebrado en el Estado de México, defendiera públicamente su derecho a “levantar la voz” para pedir a la opinión pública a que sea consciente de los “avances que hemos logrado, a los que hemos generado como sociedad”.

Vaya con un mandatario que hacia el final de su gestión, y pese a los multimillonarios recursos de que dispone para publicitar sus logros, se lanza contra esos “analistas” que se la pasan en el país “criticando” a su gobierno, mientras medios internacionales – “que no siguen las redes” mexicanas, ni tampoco viven aquí, por cierto- no le regatean dicho reconocimiento. El único problema de esta apelación a respaldar su personal estilo de gobernar, en la misma línea de reclamo del “ya sé que no aplauden”, del “mal humor social”, o del “me bulean”, es que el presidente cobijado en su “burbuja” desconoce la realidad expresada en un tuit, un meme o un mensaje de desaprobación.

Dicho reclamo, lanzado además a quienes hacen uso de las redes sociales “que a veces son muy irritantes y a veces les gusta hacer señalamientos muy duros y lapidarios, y que poco recogen de los logros y de los avances que hemos tenido como nación”, es lacónico proviniendo de un personaje que se había resistido a aceptar que mientras el gobierno va en una dirección, la gente va en otra. Esto explica el 74 % de la desaprobación con la que cuenta entre la población abierta.

A Peña le preocupa que la cita electoral de julio pudiera convertirse en un referéndum sobre su gestión, cuestionada por la inmoral ostentación, el robo y la impunidad, amén de la inseguridad, la incertidumbre económica y la violencia. Altos ex funcionarios actualmente procesados, son muestra de que aún con la protección oficial es materialmente imposible que dichos personajes evadan la justicia, aunque esté tan ralentizada por jueces del mismo régimen. La detención apenas de Mauricio Góngora, excandidato tricolor al gobierno de Quintana Roo exhibe el fin de un modo insultante y voraz de asumir la administración pública.

El pesimismo y la irritación presidencial tienen relación con el desangelado arranque de la precampaña de su “delfín”, el ex secretario de hacienda, pero los estrategas tricolores jamás lo van a reconocer. Siguen confiados en que hacia el final del proceso, de nuevo el “voto duro” y la compra de voluntades de los más pobres, sea su tabla de salvación. Por lo pronto, la batalla de las redes sociales la están perdiendo. “¡Válgame!”, como dice Paco Ortiz PInchetti.

@ernestoreyes14

 

*Publicado en "Noticias, Voz e Imagen de Oaxaca"

 

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